En todo instante, la línea

Autor: Gascón, Elvira

ISBN: 9786072629776

Editorial: Bonilla Artigas

Edición: 1

Nº de páginas: 162

Año de publicación: 2025

Lugar de publicación: CDMX

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Descripción

¿En todo instante, la línea, nos propone un viaje, como aquel que describiera Juan Rejano al comentar su obra. Edición acertada de Bonilla Artigas Editores y un regalo para la cultura por parte de quienes han dado impulso a esta publicación: Adolfo Castañón y Guadalupe

9786072629776

Gascón, Elvira Nace en el seno de una familia modesta. Su padre, Pedro Gascón, era mecánico de profesión, y su madre, Vicenta Pérez, se encargaba de las tareas de la casa. Desde su nacimiento disfrutó de una frágil salud, por lo que vivió rodeada de las atenciones de su madre, abuela y tías maternas. Pronto manifestó interés por el dibujo y la pintura, así como su amor a los animales, especialmente a los gatos, afectos que mantuvo intactos a lo largo de su vida. Su infancia transcurrió en Málaga, donde cursó los estudios de bachiller. Obtuvo el título de maestra de primera enseñanza en la Escuela Normal de Magisterio de Guadalajara y poco después el de profesora de Dibujo en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid. En mayo de 1935 es nombrada encargada de la enseñanza de Perspectiva en la Escuela de Artes y Oficios de la capital, mientras completa sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. A finales de 1936, es trasladada por necesidades educativas al Instituto Lope de Vega, e ingresa voluntaria en la Junta Delegada de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico, donde realizó una labor ejemplar como auxiliar-técnico, inventariando y catalogando objetos artísticos y con licencia para conducir uno de los coches que servía de apoyo en las labores de recuperación y salvamento. En los locales de la Junta, conoció a su futuro marido, Roberto Fernández Balbuena, arquitecto y pintor, presidente de la mencionada junta desde 1937. Una vez finalizada la Guerra Civil, se exilia a la ciudad de México, donde contrae matrimonio y fija su lugar definitivo de residencia. Rápidamente se integra en el mundo cultural mexicano, compaginando la enseñanza del Dibujo y su incansable labor como pintora, con la práctica de otras técnicas, como el grabado y el esmalte, y dedicándose a la que sería una de sus ocupaciones más importantes, la ilustración, fruto de la estrecha relación que mantuvo desde 1939 con el Fondo de Cultura Económica y las secciones culturales de periódicos y revistas mexicanas de gran tirada, como El Nacional y Novedades entre 1946 y 1956, en las que destacó por su personal estilo dibujístico, calificado de “helenismo piccasiano”. La influencia de la tradición muralista mexicana se dejó sentir en sus propios murales repartidos por iglesias y hospitales mexicanos para los que inventó la técnica del “concreto teñido”. Ávida lectora, le gustaba compartir sus trabajos y opiniones en las tertulias literarias más famosas de la ciudad en las que se daban cita los creadores más notables del momento, Juan José Arreola, Juan Rulfo, Rubén Bonifaz Nuño, Alaíde Foppa, Carlos Pellicer y Crespo de la Serna, entre otros muchos. Siguió trabajando y colaborando con instituciones asistenciales hasta que se lo permitió la enfermedad de párkinson que la aquejaba. Nunca regresó a España. Su archivo personal fue donado por su hija Guadalupe al Colegio de México en 2001.

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